Leer un fragmento del libro Ensayando la paternidad
Este es un fragmento del libro Ensayando la paternidad: Reflexiones sobre lo que significa poder ser y estar en otra masculinidad y paternidad.
Cualquier acontecimiento biológico es asumido de manera diferente por cada sociedad. La adecuación del niño, las relaciones entre padres e hijos, que parecen «naturales», se desarrollan según modelos culturales diversos 21
MARTINE SEGALEN
Los hombres y el embarazo
Hasta no hace tanto, la figura del hombre era insustancial en el embarazo. Su mayor logro era haber dejado preñada a su pareja y no se esperaba mucho más de él: «¡Bravo, machote!»
Hoy en día, mencionar al padre es hablar de presencia y cuidados. Por eso, no alude únicamente al progenitor biológico del bebé que está por nacer, sino también a quien cumple el cometido. La maternidad y la paternidad hacen referencia a roles, no a personas.
Tampoco antes se discutía sobre salud mental ni de los tipos de apego o vínculos entre los padres y sus criaturas. ¡Y estoy convencido de que empieza en los primeros meses de la gestación!
Es inevitable que, cuando nos remitimos al embarazo y a los cambios emocionales que conlleva, pensemos, en primer lugar, en la mujer que está atravesando dicho proceso. De hecho, será ella quien, sin duda, padezca con intensidad muchas transformaciones.
Es lógico que, al experimentar gran cantidad de alteraciones biológicas y físicas en su organismo, toda la atención se centre en la mujer, porque se hará cargo de lo más esencial para convertirnos en padres: llevará al bebé en su vientre durante nueve meses, será quien lo alumbre mediante el parto y lo alimentará con su propio cuerpo mediante la lactancia materna (si así se desea y es posible).
No obstante, es importante reparar en las implicaciones que el embarazo y la inminente paternidad tienen, asimismo, para el hombre y próximo padre.
La función del papá primerizo, en esta etapa, se asocia con acompañar, proveer y proteger. ¿Cuántas veces habremos escuchado expresiones como «¡Cuídala!», «¡Trátala bien!», «¡Espera cuando comience con los antojos!» … Sin embargo, esta clase de avisos nos posiciona, sobre todo, como una figura centrada en el servicio, llena de seguridad, entereza o fortaleza, y nos encasilla y despoja, a la vez, de otras múltiples facetas y dimensiones.
Además, mientras que a la embarazada se le suele decir lo guapa que está o lo maravillosa que es la maternidad, al padre le pueden llegar mensajes negativos como «¡Se te acabó lo bueno!», «¡Vete preparando!», «¡Aprovecha para dormir ahora!» … Si bien son sin mala intención, no dejan de ser comentarios que quizás añadan algo más de estrés o ansiedad a la forma en que los hombres vivamos este período.
Muchos, metidos en este constante papel de chico duro, cometemos el error de guardarnos necesidades o callar inquietudes para no preocupar a la futura mamá. Ya en el capítulo anterior se ha presentado la equivocación de no exponer abiertamente aquello que nos suceda. En parte, es comprensible. No se espera de nosotros y, por desgracia, es todo lo contrario.
Los hombres también podemos sentir temores, presiones y emociones intensas o precisar cuidados que, siendo diferentes, son tan válidos y esperables como los de las mujeres.
Aunque no te lo parezca, los hombres desempeñamos una labor muy valiosa durante este momento vital. Hay que tener en cuenta que existe un claro nexo entre un compañero implicado y el adecuado desarrollo de la gestación.
Diversos estudios han demostrado que, en los embarazos donde los hombres que serán padres respaldan y apoyan a la mujer, hay menor riesgo de abortos espontáneos, menos depresiones posparto y una disminución de las complicaciones.
Para que eso sea posible, lo primero y más fundamental es que el hombre quiera involucrarse y, de manera relevante, que la mamá haga cómplice al futuro papá y lo ayude a conectarse con el bebé. ¿Cómo se consigue eso?
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