Cuando escribir como terapia también es cuidar(se)


Sí, escribir como terapia también es cuidarse y en mi caso fue todo un proceso individual y personal. Se lee por placer, por interés, para saber y, en el caso de la paternidad, los padres leemos para entender, dar lo mejor de nosotros y ofrecer los mejores cuidados.

En mi proceso de convertirme en papá leí muchísimo. Estaba preocupado por intentar comprender y quería estar preparado para cuando llegara el tal crucial momento.

Por eso, he pensado que narrar la decisión de escribir el libro era una gran primera entrada para explicar desde dónde nació Ensayando la paternidad. Porque sin darme cuenta, entré en una vorágine de libros, textos, artículos y redes sociales para atender tanto a mi pareja como al pequeño de la mejor manera posible…

Pero ¿qué pasa cuando cuidar no cura? ¿Cuándo los cuidados son motivo de malestar?

Toda escritura es un viaje al descubrimiento

NADINE GORDIMER

Escribir como terapia en la paternidad

Escribir como terapia es una práctica sanadora que utiliza la palabra escrita para ordenar pensamientos, gestionar emociones, resolver problemas y promover el autoconocimiento. No es que necesitara la escritura para desahogarme, pero sí necesitaba plasmar lo que sentía, mis preocupaciones y mi experiencia. Además, es un proceso creativo, ¡y a mí crear me encanta!

Escribir, como pintar, dibujar o hacer cerámica es un ejercicio creativo que permite plasmar los estados emocionales y clarificar los pensamientos. Al escribir, se ve implicada la parte artística, irracional y emocional de la creatividad humana, y por otro lado la parte más lógica, racional y estructurada del lenguaje. Así, en el acto de creación se ponen en funcionamiento los dos hemisferios cerebrales: cualquier trabajo que involucra cerebro, manos, cuerpo y alma ayuda a conocernos y a tener una perspectiva más clara de lo que sentimos, vivimos y de cómo actuamos.

Escribir también es cuidar(se) porque me ayudó a escucharme, a validarme y a poner palabras donde había habido cansancio y confusión.

Tanto escribir como dibujar tiene algo de terapia: este dibujo lo hicimos mi hijo y yo, lleno de tachones, errores y capas, como aprender o la paternidad

Tanto escribir como dibujar tiene algo de terapia: este dibujo lo hicimos mi hijo y yo, lleno de tachones, errores y capas, como aprender o la paternidad

En mi caso…

Algo muy habitual desde que sabes que vas a ser padre es informarse. Artículos, prensa, webs, perfiles de Instagram… Leía, consultaba, consumía. No paré de leer hasta que me di cuenta de que, muchas de esas lecturas eran completamente imposibles en mi práctica. En su mayoría, no tenían nada que ver con lo que en realidad pensaba o sentía, ni siquiera con lo que estaba viviendo como hombre y padre. Es más, lejos de ayudarme, estaban minando mi propia salud mental.

A las pocas semanas de nacer mi hijo (quizás al mes), vi que cuidar tanto de mi compañera como de la nueva vida que teníamos entre nuestros brazos, y bajo nuestra responsabilidad, estaba anulándome.

Llegó un punto en el que los cuidados me abrumaron. ¿Dónde estaba yo? ¿Quién me cuidaba a mí?

Por eso, una de las primeras decisiones que tomé fue abandonar las redes sociales durante un tiempo, dejar de lado tanta información. Permitirme escucharme y centrarme en sentir. Darme el permiso de dejarme llevar, de simplemente ser.

Fue cuando decidí empezar a hacer terapia individual. No para dejar de cuidar, sino para no desaparecer mientras lo hacía.

No escribí este ensayo como un proyecto literario

Tampoco es que fuera fruto de mi proceso terapéutico escribir un libro.

Empecé con ello cuando mi hijo ya tenía dos años, después de encontrarme tan solo, sin referentes masculinos ni material de apoyo escrito desde otras voces masculinas. Fue duro transitar la paternidad sin palabras que nombraran lo que me estaba pasando.

Era una sensación que se repetía y un sentimiento extrañamente común al hablarlo con otros hombres al iniciar el círculo de padres. Fue entonces cuando decidí hacerlo al revés: comenzar desde ahí, desde la ausencia y el deseo de compartir.

Ahora era yo quien necesitaba y tenía que escribir. Si bien exigió un verdadero esfuerzo personal, resultó ser muy productivo y liberador.

Pensaba que podía ofrecer algo a los demás en mi recorrido personal de aprendizaje y, por otro lado, como parte de una responsabilidad colectiva, ayudar a otros papás primerizos al igual que yo.

No para enseñar nada a nadie o demostrar, sino para cuidarme y, quizás, acompañar a otros en ese mismo lugar.

Cuidar a quien cuida

Y es que, a menudo, nos olvidamos de cuidar a quien cuida. Esta idea no me era ajena, ya que durante un periodo de mi trayectoria laboral, formé parte del equipo de atención al usuario, imagen y comunicación del Servei Respir de Diputació de Barcelona. Un programa que, precisamente, trata de dar un «respiro» a aquellos que se entregan a los cuidados. A través de estancias temporales para gente mayor y niños con diferentes tipos de capacidades, este servicio ofrece la posibilidad de que las personas cuidadoras puedan descansar.

Puede que escribir fuera eso para mí también: un pequeño espacio para coger aire. Un lugar donde parar, mirar y ser consciente de no tener por qué hacerlo todo bien.

Se puede decir que este ensayo no nació como un libro. Surgió como una necesidad. Como un proceso en el que la escritura ayudó a que algunas dudas se disiparan, los miedos se diluyeran y las inquietudes y corazonadas sobre la paternidad se mostraran más claras. Un camino por el que he ido aprendiendo y en el que, mientras me reafirmaba en aquellas cosas que intuía y sentía, brotaban nuevas preguntas que quedaban abiertas.

Escribir no lo solucionó todo. Pero me permitió encontrar mi sitio. Estar presente y sentirse bien es cuidarse y, eso, es esencial para poder cuidar y continuar.

Así empezó Ensayando la paternidad, un libro donde comparto reflexiones como papá primerizo sobre embarazo, lactancia, crianza consciente y masculinidad.

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