La salud mental masculina en la paternidad sigue siendo un tema poco visible. En todas y cada una de las fases que conforman ser padre, desde la concepción, la gestación, el parto y los primeros años de crianza, los padres, al igual que las madres, atravesamos nuestras amarguras, angustias y dificultades, aunque con muy poca frecuencia se nos reconozca.
Mucho se habla de la salud mental en la maternidad. ¡Pero apenas de lo que supone el nacimiento de un hijo para la salud emocional de los hombres comprometidos con su paternidad!
Poco se discute sobre salud mental ni de los tipos de apego o vínculos entre los padres y sus criaturas. ¡Y estoy convencido de que empieza en los primeros meses de la gestación!
Si algo intenté hacer a través de mi ensayo es indagar en la masculinidad y la paternidad con el objetivo de profundizar en la psicología masculina. Debemos hacer visible que, si somos padres conscientes y presentes, también sentimos, sufrimos y nos merecemos ser cuidados.
Para nosotros, y por cómo hemos sido construidos y educados, a veces es más difícil expresar que lo estamos pasando mal, pedir ayuda y ser vistos o considerados.

En la paternidad, el cuidado, el silencio y la carga emocional influyen en la salud mental masculina.
Foto: Sarah Mason Vía Getty Images
Sentimientos a flor de piel: la salud mental masculina
Son pocos los referentes que reflexionen acerca de modelos masculinos más diversos, sanos y saludables. Incluso son pocos los libros sobre paternidad que aborden lo que nos ocurre como hombres y el impacto en la salud mental masculina que ejerce la paternidad cuando se vive por primera vez.
Por regla general, tanto en las fases previas al nacimiento como posteriormente, la sociedad sitúa a los hombres como una figura centrada en el servicio, llena de seguridad, entereza o fortaleza, y nos encasilla y despoja, a la vez, de otras múltiples facetas y dimensiones.
Muchos, metidos en este papel de chico duro, cometemos el error de guardarnos necesidades o callar inquietudes. Y es una total equivocación no exponer de forma abierta aquello que nos suceda. En parte, es comprensible. No se espera de nosotros y, por desgracia, es todo lo contrario.
Bastantes hombres también podemos sentir temores, presiones y emociones intensas o precisar cuidados que, siendo diferentes, son tan válidos y esperables como los de las mujeres. Nosotros también tenemos emociones, miedos y frustraciones, y debemos hablar de ellas, comunicarnos, expresarnos y pedir ayuda cuando la precisemos.
La salud mental masculina y el camino a la paternidad
Tanto la maternidad como la paternidad siempre serán una larga travesía y, a veces, difícil. Es un transitar sujeto a toda clase de variables y distintas circunstancias que impiden seguir una hoja de ruta marcada. No existe el manual perfecto de los buenos padres.
Por eso, como padre primerizo, y tras lo compartido con no pocos hombres, más que de un tipo de crianza, la idea de padre consciente se refiere a un modelo de paternar de forma activa.
Es un hacer que reformula estereotipos y sensibilidades, y que va más allá de generalizaciones, presiones, teorías y dogmas. Como consejo, me atrevería a decir que, como progenitores, deberíamos reivindicar la noción de ser un padre suficientemente bueno, del pediatra y psiquiatra Donald Winnicott. Creo que es la mejor receta para evitar crianzas y nuevas paternidades conscientemente ansiosas.
En muchas ocasiones, existe la idea de sacrificar nuestra felicidad para demostrar que somos unos buenos progenitores, de estar agotados, abrumados y no recibir apoyo o sentir que no está sucediendo como nos muestran, es bastante tóxica. Y no es que defienda o contradiga un estilo u otro. Pienso que, por mi propia vivencia, se debería priorizar la satisfacción de todos, la armonía familiar, la conyugal y la salud mental.
La paternidad como oportunidad
Paternar, desde sus inicios con el embarazo, implica atravesar diversas fases en las que los hombres, en general, padecemos estrés y ansiedad. Es normal que nos preocupemos, en primer lugar, por nuestra compañera, por cómo lleva la gestación y en todo aquello que podamos hacer para sostenerla y asegurar su comodidad.
Seguidamente, nos inquieta el buen desarrollo de nuestro bebé: seguimos su crecimiento, asistimos a todas las visitas y deseamos que nazca sano.
En última instancia, está la intranquilidad por nosotros mismos, porque son muchas las incógnitas que surgen tras el nacimiento y en la nueva dinámica donde se pasa de estar en una relación a ser una familia. Nos preguntamos si seremos capaces de asumir el nuevo rol paterno y por la posición que ocupemos o nos permitan tomar.
No es de extrañar que, en los papás primerizos, esta nueva etapa personal pueda generar trastornos e incluso síntomas psicosomáticos. ¡Cuánto se habla de la salud mental en la maternidad y qué poco se tiene en cuenta la misma en la paternidad!
¿Cómo cambia la paternidad a los hombres?
En comparación con las mujeres, nuestra transición a la experiencia paterna ha sido relativamente descuidada en las investigaciones científicas. Tradicionalmente, todos los trabajos se han centrado en la salud mental perinatal femenina, pero ahora, encontramos más informaciones que confirman que nosotros también sufrimos cambios junto a ellas.
De hecho, se ha visto que lo más importante no es el reajuste hormonal, biológico y cerebral que supone vivir por primera vez la paternidad, sino la práctica y las convenciones sociales respecto a lo que significa ser hombre y padre, lo que asegura el vínculo con la criatura y el bienestar de todos.
La tendencia, cada vez mayor, hacia una parentalidad igualitaria y una forma de paternar activa, equitativa, consciente y sensible nos brinda a los hombres una oportunidad sin igual para redefinirnos. Como reflexiono en este artículo sobre ser padre de un niño y la relación entre masculinidad y paternidad, convertirse en padre también nos obliga a replantearnos qué modelo de hombre queremos transmitir.
No solo como el modelo de progenitor al que aspiramos ser, sino también el tipo de masculinidad que queremos perpetuar al margen de estereotipos, temores o incertidumbres que, aparentemente, han ido moldeando lo que se considera como la virilidad hegemónica.
La importancia de ser conscientes
Se ha comprobado cómo la construcción social que dicta qué simboliza ser hombre y padre puede representar un factor de riesgo específico de género para el sufrimiento psicológico perinatal y el equilibrio emocional masculino en el trayecto a la paternidad, pudiéndose revelar de manera distinta a la de las mujeres.
Si nos encontramos mal o algo nos inquieta y desborda, lo principal es mostrar nuestros sentimientos, porque en muchos casos puede mitigar nuestro malestar mental.
En el caso de no ser suficiente, no hay que dudar en buscar ayuda profesional. Si a pesar de todo, como hombre, padre o compañero afectivo, no logras desprenderte de la angustia o de aquello que no te haga estar bien, puedes solicitar el apoyo de un especialista como son los psicólogos, y más específicamente, los de familia y, en particular, los perinatales.
No estás solo y eres normal. Cuidándote a ti, también cuidas de los demás.
Estas reflexiones son parte del libro Ensayando la paternidad, un ensayo sobre masculinidad, cuidados y la experiencia de ser padre hoy.