Ser padre de un niño: masculinidad y paternidad en juego


La relación entre masculinidad y paternidad es una de las cuestiones centrales cuando un hombre se convierte en padre: a veces son caras de la misma moneda.

Por ejemplo, aunque físicamente siempre he sido muy masculino porque he cumplido con el prototipo de cuerpo, rasgos faciales, vello corporal o voz, en tantos otros aspectos actitudinales y emocionales no parecía superar la prueba de lo que significaba ser un hombre de verdad.

Nunca me ha preocupado.

He tenido muy claro quién era, qué me definía y quién quería ser, del mismo modo que nunca pensé realmente si sería un buen padre o no. Lo único que sabía era que quería ejercer una paternidad consciente, en la que no quería copiar ni reproducir comportamientos de mi progenitor.

En ese aspecto, estaba más que emancipado cultural y emocionalmente. Solo quería vivir la paternidad desde el corazón y el más profundo amor, lejos de la masculinidad tóxica que tanto daño nos hace.

Aunque debo admitir, para ser sincero, que cuando supe que iba a tener un niño sentí que asumía un gran reto por delante. Mucho más que si hubiese sido padre de una niña.

Padre con sus hijos en un momento cotidiano de cuidado y vínculo, representación de una masculinidad y paternidad implicada y afectiva.

Dustin Hoffman y sus hijos en un momento cotidiano de cuidado y vínculo, representación de una masculinidad y paternidad implicada y afectiva

La masculinidad y la paternidad

Y es que, en ocasiones, son aspectos que van ligados. De hecho, en muchas sociedades, la fertilidad se ha relacionado erróneamente con la virilidad y ser padre es una forma de lograr afianzar la masculinidad.

El binomio masculinidad/paternidad no deja de ser una construcción sociocultural y, por tanto, ambos conceptos están influidos por la formación de la identidad y los roles de género. Convenciones que por lo general y, como escribo en este artículo sobre salud mental masculina y paternidad, inciden en cómo los hombres nos valoramos, nos relacionamos y vivimos nuestras propias inquietudes y transformaciones.

Muchos hombres al ser padres primerizos, no solo se replantean qué tipo de padre quieren ser —muchas veces como opuesto al padre que tuvieron—, sino que la primera paternidad constituye implícitamente un punto de partida para redefinir su papel como hombres y como parejas.

Para mí, mientras en el pasado el nacimiento de un niño ha sido sobrevalorado —algo que no ocurría con el nacimiento de una niña—, generando desde el inicio una actitud discriminatoria y un valor diferenciado entre hijos e hijas, ser padre de un futuro hombre, tal y como yo entiendo la masculinidad, significa en el momento actual todo un reto.

La paternidad como motor de cambio

La paternidad como cualquier función humana puede ejercerse de muchas formas. Por ello, podemos encontrarnos etiquetas que igualmente nos encasillan como padres autoritarios, permisivos, helicóptero, democráticos, entre otros, lo que implica diferentes tipos de crianza, comportamientos y actitudes hacia nuestros hijos e hijas.

Hoy en día, somos más conscientes de cómo nuestro comportamiento y enseñanzas —básicamente nuestro ejemplo como progenitores— pueden generar consecuencias negativas o positivas durante toda la vida.

Al igual que la madre, los padres somos corresponsables, correferentes y una figura clave en la conformación de la personalidad del hijo o la hija. De ahí la necesidad de que nuestro ejercicio paternal sea lo más deseado, pensado y consciente posible.

Pero no solo eso, mi mayor preocupación como padre de un niño era (y sigue siendo) cómo la sociedad y la influencia del círculo más cercano pueden fomentar determinados patrones de conducta o tipos de personalidad.

¿Tendrá mayor peso lo que yo le pueda enseñar con mi ejemplo como padre, hombre y compañero sentimental, o la influencia de los medios de comunicación, los amigos o la familia?

Responsabilidades familiares compartidas en la nueva masculinidad y paternidad

Los cambios sociales han llevado a buscar la conciliación entre la vida familiar y la vida laboral.

Si bien partimos del hecho de que, en un alto porcentaje, las tareas del hogar, los cuidados y la crianza han recaído histórica y exclusivamente en las mujeres, actualmente —y bajo el surgimiento de nuevos paradigmas— es indispensable que los hombres también nos involucremos, comprometamos y participemos en todas estas esferas en igualdad y equidad con las madres y compañeras.

Sin embargo, este cambio no siempre viene acompañado de referentes claros para los hombres. Tampoco en muchos libros sobre paternidad para padres primerizos encontramos modelos que integren cuidados, corresponsabilidad y una revisión profunda de la masculinidad.

La paternidad como punto de inflexión masculina

No obstante, ante esta nueva forma de repensar la masculinidad y, por ende, la paternidad, los hombres y padres debemos beneficiarnos también de la igualdad de género.

Una mayor implicación masculina tiene que estar respaldada por acciones estatales y sociales, cambios legislativos y nuevas políticas públicas, que incluyan, entre otras, medidas institucionales y prácticas empresariales diversas, a fin de hacer posible que los hombres trabajadores tengamos mejores condiciones para equilibrar el ámbito laboral y familiar

Por ejemplo, en ese aspecto, España ha hecho un buen trabajo y es un referente europeo con el permiso por nacimiento y cuidado del menor equiparado y de la misma duración que el de las madres.

Con ello, se fomentará que los hombres podamos establecer relaciones más cercanas y afectivas con nuestras criaturas, con nuestras mujeres y también entre hombres.

Todos somos seres humanos iguales en dignidad y derechos

No hay un modelo ideal de mujer ni de hombre, ni hay una única manera de ser madre o padre, como tampoco existe la pareja perfecta.

Cada uno de nosotros desarrolla una paternidad distinta. Cada ser humano es inimitable, construido con un carácter y temperamento diversos y con un trasfondo educativo y cultural diferente.

Además, paternamos en contextos singulares, peculiares y propios: con uno o varios hijos, en compañía, casado, separado, con trabajo, en paro, de alquiler, con hipoteca, con ayuda, sin familia…

Por lo que las posibilidades de ejercer la paternidad son infinitas: tantas como padres.

Las experiencias de vida nos hacen únicos, y el reto actual es desarticular las relaciones de poder, los privilegios, el sexismo y la homofobia para lograr construir relaciones más democráticas, igualitarias, equitativas, y respetuosas de las diferencias para establecer relaciones más placenteras y armoniosas con quienes nos rodean.

En definitiva, como hombres —seamos padres o no— debemos incorporar a nuestras vidas el principio de igualdad de todos los seres humanos y el respeto a los derechos fundamentales en todos los ámbitos.

Nadie dijo que fuera fácil.

Interiorizar estos cambios y exteriorizar otras conductas y comportamientos diferentes a los más tradicionales y hegemónicos puede conllevar críticas, incomprensión o rechazo.

Pero lo más importante es que, en momentos de incertidumbre, recuerdes lo siguiente:

¿Qué clase de hombre quieres ser?

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