Padre primerizo: qué necesita (y por qué no siempre son libros)


Lo que se cree que necesita un padre primerizo y lo que de verdad necesitan los hombres, antes y después de convertirse en padres, puede ser muy diferente.

Cuando me convertí en padre por primera vez pensé que lo que necesitaba era que me dijeran qué hacer, cómo hacerlo bien y qué era lo correcto.

Ser padre por primera vez suele venir acompañado de una especie de guion social bastante conocido. A los hombres se nos felicita, se bromea sobre las noches sin dormir, se nos recomienda hacer lo que nos digan y prepararnos para los antojos y para «ayudar mucho» en casa.

Desde fuera, parece que lo que necesita todo padre primerizo es información práctica, paciencia y tener la cuna bien montada (por aquello del síndrome del nido).

Pero la experiencia real suele ser mucho más profunda, más desordenada y también más silenciosa en el caso de los hombres.

Porque antes de que nazca un hijo, y también cuando ya ha llegado, muchos hombres no solo necesitan consejos logísticos. Necesitan espacio para entender lo que les está pasando, herramientas emocionales que casi nunca se les han «enseñado» y permiso para vivir la paternidad de una forma más humana y menos estereotipada.

Un padre primerizo también necesita tiempo para conocer(se) y establecer un vínculo íntimo y de apego con su criatura

La búsqueda de un padre primerizo

Si buscas qué necesita un padre primerizo, lo que encuentras suele ser bastante claro: libros, guías, consejos, listas de cosas imprescindibles y sin duda, numerosos expertos que te explican cómo hacerlo.

Y sí, todo eso puede ayudar. De hecho, hay muchos libros sobre paternidad que aportan información útil, que orientan o que ayudan a comprender ciertas etapas. Por eso, yo mismo busqué información, leí, pregunté, escuché… intenté prepararme para algo que, en realidad (y me di cuenta mucho más tarde), no se puede preparar del todo.

Porque ser padre primerizo no es solo aprender a cuidar.

Con el tiempo fui consciente de que paternar también es que nos cuiden y que nos validen. Es aprender a sostener, a estar, a dudar, a sentir y, muchas veces, a no saber. Entendí que buscar respuestas no es lo mismo que encontrar el sentido.

Y ahí es donde empiezan las preguntas de verdad.

Lo que se piensa que necesita un padre primerizo

La imagen más extendida del padre primerizo gira en torno a necesidades externas y funcionales. Se da por hecho que necesitamos, sobre todo, tres cosas:

  • Preparación técnica: saber cambiar pañales, sujetar al bebé, instalar la silla del coche, preparar biberones o interpretar los horarios de sueño. Todo eso importa, por supuesto, pero se suele presentar como si la paternidad fuera principalmente una tarea operativa.
  • Resistencia: se espera que aguante el cansancio, que trabaje igual que siempre, que sostenga económicamente el hogar y que además esté disponible para resolver problemas. Muchas veces se le transmite la idea de que ser buen padre consiste en rendir, responder y no venirse abajo.
  • Contención emocional: a muchos hombres se les sigue educando, de forma más o menos explícita, en la idea de que deben ser «un chico duro». El que tranquiliza, el que no se queja, el que mantiene la cabeza fría. Como si la llegada de un hijo despertara emociones intensas en todos… menos en él.

Estas creencias no siempre son falsas, pero sí incompletas. Y cuando se convierten en el único marco, dejan fuera una parte esencial de lo que vive un hombre cuando está a punto de ser padre o acaba de serlo.

Frustración

Es algo que muchísimos padres primerizos sienten porque después de mucho esfuerzo y horas invertidas, no encuentras lo que necesitabas. Puedes leer mucho. Puedes informarte. Puedes intentar hacerlo todo bien. Y aun así sentir que no sabes qué estás haciendo, cuál es tu lugar, tu papel ni desde dónde lo estás ejerciendo.

Muchas veces lo que necesitas no es más información.

Antes del nacimiento de un hijo, los hombres necesitan algo que rara vez se nos ofrece: una transición real hacia la paternidad.

No basta con decir que nuestra vida va a «cambiar». Necesitamos poder pensar y decidir qué lugar ocupamos nosotros también en ese cambio. Bastantes hombres necesitan revisar su propia historia, la relación con su padre, sus miedos, sus expectativas y la idea de masculinidad que arrastran desde hace años.

Descubrir lo que realmente necesita un padre primerizo

Desde mi experiencia, lo que necesita un padre primerizo no siempre aparece en los libros. No era eso lo importante.

Las madres, pero también los padres necesitamos:

  • Parar.
  • Escuchar(se).
  • Entender sus emociones.
  • Aceptar que no va a hacerlo perfecto.
  • Encontrar su manera de estar en la paternidad.

El error es pensar que hay una única forma de ser padre y no es real, porque cada historia, cada pareja y cada criatura es distinta.

Permiso para tener miedo

Muchos futuros padres sienten miedo y no lo dicen. Miedo a no estar a la altura, a no saber cuidar, a perder libertad, a no poder sostener económicamente a la familia, a que cambie su relación de pareja o a no sentir de inmediato ese amor inmenso del que todo el mundo habla.

Socialmente se nos empuja a mostrarnos seguros, muchos lo esconden detrás del humor, la hiperactividad o el silencio.

Pero chicos, ese miedo no nos hace estar menos preparados ni nos convierte en ser menos hombres, ¡nos hace humanos!

Educación emocional, no solo información práctica

Hay cursos para el parto, listas de productos y tutoriales para casi todo. Sin embargo, pocos hombres reciben ayuda para entender lo mucho que puede removerles, en el plano emocional, la futura paternidad.

Necesitamos saber que es normal sentirse descolocados. Que podemos vivir con ambivalencia la paternidad. Que querer a un hijo no elimina automáticamente la angustia.

Transitar hacia una identidad nueva, como es el hecho de ser padres, no es excluyente ni se construye en un día.

Hablar de la pareja, no solo del bebé

Antes del nacimiento, casi toda la atención se centra en la mujer y el bebé. Pero el nacimiento también transforma la relación entre los adultos. Un hombre necesita poder anticipar que cambiarán los ritmos, la intimidad, el reparto del tiempo, la comunicación y la forma de sostenerse mutuamente.

Prepararse para ser padre también es prepararse para no desaparecer como compañero.

Redefinir nuestro papel

Todavía persiste en muchos entornos la idea de que el padre «acompaña» mientras la madre «materna». Esa diferencia, aparentemente pequeña, marca mucho.

Tanto hombres como mujeres, necesitamos comprender que el padre no está ahí como asistente, sino como figura de cuidado, apego, presencia y responsabilidad directa.

No necesitamos un papel secundario mejor ejecutado, sino una paternidad propia, activa y consciente.

Lo que necesitamos cuando ya somos padre primerizo

Una vez que el bebé nace, el choque con la realidad suele ser mayor de lo previsto. No solo por el cansancio, sino por el terremoto interno que puede provocar.

Convertirse en padre también implica perder algo. No en un sentido trágico, sino real. Se pierde espontaneidad, tiempo propio, una cierta idea de libertad, una manera de vivir la pareja y hasta una versión de uno mismo.

Ese duelo existe aunque el hijo sea profundamente deseado y poder nombrarlo evita mucha culpa. Un hombre no necesita que le digan (como me dijo mi hermano al saber que iba a ser tío) que «al final compensa». A veces se necesita que alguien te diga: «claro que quieres a tu hijo, y claro que también echas de menos partes de tu vida de antes».

Ambas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. Son la cara de la misma moneda.

Para el padre primerizo, la paternidad consciente y corresponsable es igual de removida e intensa.

Vínculo, no solo tareas

A muchos padres se les asigna rápidamente el lugar del apoyo logístico: hacer recados, coger pesos, organizar, limpiar, conducir, comprar… Todo eso sostiene, pero no sustituye el vínculo.

Los hombres necesitan tiempo real con sus hijos para construir relación, confianza e intuición. No ser el «segundo adulto» disponible, sino una figura referente y principal desde el principio.

El vínculo no aparece por biología ni por buena voluntad abstracta: en el caso de los hombres, sobre todo, se construye con una presencia activa en el día a día durante toda la vida.

No ser tratados como ayudantes

Una de las trampas más frecuentes del lenguaje y de la cultura es felicitar al padre por «echar una mano». Pero criar a un hijo no es ayudar; es ejercer con constancia, responsabilidad y cuidados.

Cuando al hombre se le coloca constantemente en la posición del colaborador, se empobrece su experiencia de paternidad y se refuerza la idea de que su implicación es opcional o extraordinaria, en vez de cotidiana y estructural.

Espacios para el derrumbe sin culpa

Hay padres recientes que se sienten agotados, irritables, desconectados o tristes, y no encuentran palabras para contarlo. Algunos incluso sienten culpa por no estar disfrutando «como deberían».

La idealización de la paternidad y la masculinidad también nos hace daño y hace mella en la salud mental masculina.

Debemos poder reconocer la tristeza, el agobio, la frustración o el cansancio emocional sin vivirlo como si fuera un fracaso. Saber que adaptarse lleva tiempo y que la ternura puede convivir con la saturación.

Apoyo psicológico y social

Tradicionalmente, las redes de apoyo en la crianza han estado más disponibles para las mujeres, aunque tampoco siempre de forma suficiente. Los hombres, en cambio, suelen quedar aún más aislados.

Por como hemos sido «construidos socialmente», tenemos menos conversaciones honestas sobre la experiencia de cuidar, menos lugares donde mostrarnos vulnerables y menos legitimidad social para pedir ayuda.

Un padre reciente necesita amigos con los que poder hablar de verdad, profesionales que incluyan también su vivencia y una cultura que no ridiculice su fragilidad.

Aprender a cuidar sin sentir que se pierde la identidad

Para algunos hombres, la paternidad entra en conflicto con modelos antiguos de masculinidad: ser independiente, productivo, fuerte, sexualmente disponible, emocionalmente imperturbable…

Porque cuidar a un bebé exige justo lo contrario de muchos de esos mandatos: paciencia, repetición, ternura, dependencia mutua, lentitud, renuncia temporal al control…

Muchos hombres necesitan reconciliarse con una verdad incómoda pero liberadora: cuidar no nos quita valor, nos lo da.

Qué es lo que sí necesitaba como padre primerizo

Una paternidad más real y menos decorativa, pero también una maternidad menos idealizada y unas madres que confíen en nuestras capacidades.

Durante mucho tiempo se ha aplaudido una versión muy superficial del padre implicado: el que aparece, colabora y tiene buena intención. Pero hoy, por el bien de los hijos, de las madres, de los propios padres y de la sociedad, necesitamos ir más allá de esa imagen y de otras representaciones del pasado.

Es necesario entender que la paternidad no son solo una serie de gestos o estereotipos, sino una transformación profunda del modo de estar en el mundo. No se trata solo de proveer, ni solo de jugar, ni solo de «estar cuando hace falta».

Se trata de cuidar en todos los ámbitos, sostener de verdad, dejarse llevar y abrazar el cambio transformador de los vínculos.

Y para eso necesitamos algo más que consejos rápidos, libros de humor o chistes sobre pañales.

Necesitamos conversaciones honestas. Referentes nuevos. Educación emocional. Permiso para no saber. Derecho a sentirnos vulnerables. Tiempo para construir relaciones auténticas, seguras y saludables.

En definitiva, poder tener un lugar digno y coreferente dentro de la crianza junto con las mamás.

Para todo ello, debemos ejercer con el ejemplo y así reclamar también desde nosotros, los hombres, una sociedad que deje de exigirnos una fortaleza muda mientras se nos niega herramientas para habitarla.

Un padre primerizo necesita poder ser papá

Los padres necesitamos poder hacer eso: ser simplemente papás. Foto: Pinterest

Entonces… ¿sirven los libros?

Sí. Pero depende de para qué.

Como explicaba en el artículo sobre libros sobre paternidad para padres primerizos, hay libros que enseñan, otros que informan, algunos que entretienen y unos pocos que acompañan.

El problema no es que existan libros sino pensar que ahí están todas las respuestas.

Lo que a mí me hubiera gustado encontrar cuando fui padre por primera vez, no era tanto que me dijeran qué hacer, sino poner palabras a lo que sentía, entender mis dudas, saber que no estaba solo y poder cuestionar lo aprendido.

Necesitaba un lugar desde el que pensar la paternidad. No solo hacerla. Por eso escribí Ensayando la paternidad.

Porque la paternidad no ocurre al margen de las madres, del trabajo o del sistema en el que nos ha tocado vivir. Forma parte de algo más amplio y puede ser una oportunidad para revisarnos, mostrarnos vulnerables y construir otra forma de estar.

Entonces… ¿Qué necesita un padre primerizo?

Pues como todo, depende.

Lo que se suele pensar que necesita un padre primerizo cabe en una lista de compras, es un manual básico y unas cuantas advertencias sobre el sueño. Lo que realmente necesita un hombre antes y después de convertirse en padre es mucho más complejo y bastante más importante.

Queremos preparación práctica, sí, pero también revisión interior. Debemos aprender a cuidar, pero también a conocernos en esta nueva etapa. Necesitamos asumir nuestra responsabilidad, pero no desde la rigidez, sino desde la presencia.

Necesitamos apoyo de nuestras compañeras y parejas, saber poner palabras a lo que sentimos y saber que tenemos la legitimidad y las habilidades para vivir la paternidad con amor y profundidad.

Quizás uno de los mayores aprendizajes que me llevo de mi ensayo como padre, es poder compartir con otros hombres esto mismo, y de saber que unas de las mejores formas de cuidar a los hijos quizás sea empezar por decirles a los hombres que no estamos solos y que no tienen que convertirse en padres perfectos, sino en uno lo suficientemente bueno.

Eso es lo que necesita un padre primerizo para convertirse en el padre y el hombre que siente que quiere ser.

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